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CONCURSO CARTA ABIERTA A UN MALTRATADOR
Con motivo del Día
Internacional contra la
violencia doméstica proclamado
por la ONU, AFAMMER organiza un
concurso “Carta abierta a un
maltratador”, que se viene
realizando con un gran éxito los
últimos 5 años. El concurso se
convoca en los medios de
comunicación y en el periódico
de la Asociación Medio Rural.
La convocatoria todos los años ha
sido un éxito:
Año 2003, 2004 Y 2005: Se recibieron de
50 a 80 cartas, todas procedían de
Huesca y provincia. El concurso se
publicitó en el Periódico Medio Rural
(Periódico de la Asociación AFAMMER).
Todas las cartas estaban escritas por
mujeres.
Año 2006: Se recibieron unas 100 cartas.
El 60% de las cartas procedían de Huesca
y provincia, el resto de las provincias
de Zaragoza y Teruel. Se comprueba que
el concurso se consolida en el resto de
la Comunidad Autónoma de Aragón. El
concurso se publicitó en el Periódico
Medio rural y en prensa de la provincia.
La mayoría de las cartas estaban
escritas por mujeres, un 10% de los
autores fueron hombres.
Año 2007: Se recibieron 160 cartas, la
mayoría con una gran calidad literaria.
Un 20% de los relatos procedían de
Aragón, un 79% del resto de las
Comunidades Autónomas de España y un 1%
procedía de Argentina, lo que nos indica
que el concurso está ya consolidado a
nivel de España y comienza poco a poco a
difundirse por países de habla hispana.
Analizando las cartas por autores, se
observa que un 60% son mujeres y un40%
son hombres, el año 2007 aumentaron
considerablemente las cartas escritas
por hombres. Esta convocatoria se
publicitó en los medios de comunicación,
en el periódico de la Asociación Medio
Rural y en páginas Web con vinculación a
colectivos literarios.
Una vez recibidas todas las cartas un
jurado compuesto por la Presidenta de
AFAMMER Aragón, un Vocal de la Junta
Directiva de AFAMMER Aragón, un
representante de la Concejalía de la
Mujer del Ayuntamiento de Huesca, una
Periodista, y un abogado puntúan las
cartas, realizando la media ponderada de
las puntuaciones se obtienen los tres
primeros premios del concurso.
Con este concurso se pretende estimular
a los ciudadanos, a contar, por un lado
experiencias reales que les han podido
pasar, y al mismo tiempo les sirva para
perder el miedo a hablar de este
delicado tema. De esta forma se
contribuye a aumentar la autoestima de
la mujer ya que se siente con fuerzas y
ganas de escribir.
Con esta recopilación de cartas, se
escribe un libro cada dos años, el
primer libro se publicó en el año 2004
“Cartas a un maltratador”, la segunda
publicación fue el año 2006 “Cartas a un
Maltratador I” y este año 2008 se
editará el tercer libro. Estos libros
están llenos de sentimientos que
transmiten las experiencias y las
dificultades con las que se encuentran
las víctimas, aunque también es un
reflejo de esperanza e instrumento de
sensibilización.
CARTAS GANADORAS CONCURSO 2007:
Primer
premio: MUJER SANGRE (Autor: O.C.
Levendfeld de Madrid)
Mi marido tiene manchas de sangre
en las manos.
Hay sangre en su camisa, también,
sangre en la cazadora.
Y sangre, también, en los zapatos,
sangre en el bajo de los pantalones.
-¿Qué pasa?- le digo.
Pero no me contesta. Ni siquiera se
vuelve para mirarme.
Se lava las manos en la pila. Se
desnuda. Tira la ropa al suelo. Se
pone la bata. Y se va al salón.
Me pregunto cómo voy a sacar esas
manchas.
El pobre… Debe haberse pegado con
alguien. Paco no es violento. Quizá
algo nervioso. Pero no violento.
Sólo si le molestan, si le molestan
mucho, salta. Seguro que alguien le
ha molestado, le ha molestado mucho.
Y ha saltado.
Paco se sienta en el sofá y se sirve
un whisky. Apura el vaso de un
trago. Se sirve otro.
Recién ha amanecido. Quizá es un
poco pronto para empezar a beber.
Pobre… no es que Paco sea
alcohólico, no, lo que ocurre es que
el whisky le relaja. Tiene derecho,
pobre… trabaja mucho, muchísimo.
Paco es quien trae el dinero a casa.
Tiene derecho a relajarse un poco.
-¿Qué pasa?- le digo.
Tampoco me contesta. Tampoco me
mira.
Lo prefiero así. Será mejor que me
ocupe de mis asuntos y no le
moleste. Cuando Paco bebe se relaja,
sí, pero cuando bebe mucho, como
ahora, termina poniéndose nervioso.
Podría empezar a gritarme o algo. A
llamarme puta. No lo dice en serio,
lo sé. Es sólo que… pierde los
nervios.
Hasta se le podría ir la mano.
Pero no es que Paco me pegue, no.
Quizá d ver en cuando, un empujón,
un zarandeo, una torta… pero poco
más. Lo ha hecho en contadas
ocasiones, y sólo si me pongo muy
pesada, sólo si le he puesto
demasiado nervioso. A veces por
celos, porque me quiere mucho. Pero
no es que me pegue de verdad. Si
quisiera pegarme de verdad me
mandaba al otro barrio, porque Paco
es muy fuerte.
-¿Qué pasa?- le digo.
Está claro. No quiere contestar. Aún
no me ha mirado. No insisto. Le dejo
a su aire. En ocasiones le da por
eso, por quedarse a solas con sus
pensamientos. No es que me ignore,
no. Pobre…cuando los problemas le
aturullan se pone así. Trabaja
mucho, muchísimo. Tiene derecho a
que no se le moleste. Al fin y al
cabo, él es quien trae el dinero a
casa.
Se ha hecho de noche. Todas estas
horas… Paco sigue bebiendo. No deja
de mirar esa foto. Una foto
enmarcada.
-¿Vienes a la cama?- le digo.
Una vez más, silencio. Paco coge el
teléfono. Marca.
Lo dicho. Está en sus cosas. Mejor
no molestarle.
Me voy sola. Al dormitorio.
Pero no puedo meterme en la cama.
Hay un charco de sangre. Las sábanas
están llenas de sangre, sangre en la
almohada, también, sangre en el
cabecero, también, sangre en…
Me pregunto cómo voy a sacar estas
manchas.
Suena el timbre.
-Voy- digo.
Y voy corriendo. No es plan que Paco
tenga que levantarse. A Paco no le
gusta que le molesten. Mejor así.
Pero Paco ya ha abierto. Es un amor.
Lleva esa foto en la mano. La foto
enmarcada. Mi retrato. Hay dos
policías en el rellano.
-¿Qué pasa?. Les digo.
Pero no me responden. Ni siquiera me
miran.
-¿Francisco Fuertes?- preguntan.
-Yo soy.
La verdad, Paco tiene una voz
preciosa. Dura. Fuerte. Varonil.
-¿Qué pasa?- repito.
No hay manera. Ni responden. Ni
miran.
A veces me siento invisible.
Se van a llevar a Paco.
Me quedaré sola. No es que me
importe, no. Porque Paco vuelve.
Pase lo que pase. Siempre vuelve.
Me pregunto cómo voy a sacar esas
manchas.
Segundo
Premio: De todos los colores (Autor:
anónimo de Asturias)
Y el príncipe de tus sueños
aparece sobre un caballo blanco:
viene a buscarte, a pintar de azul
tus paredes, tu vida… y te dará un
beso, uno de esos besos que sacan a
las damas de su letargo. Y te
llevará a su palacio (que, supongo,
también será azul)… Sí, te hartarás
de perdices. Todo resulta perfecto,
todo se ve bonito. Tú te conviertes
en princesa (no sé muy bien de qué
color) y el mundo se llena de
matices, de tonos pastel.
Cuando es la rana la que se
convierte en príncipe con un simple
beso, el cuento de hadas se escribe
sólo. El problema es que el príncipe
te salga rana. Y si esto ocurre, si
el príncipe azul resulta “un
marrón”, de nada sirve cubrirlo de
besos.
Los viejos colores pastel se
tornan grisáceos, los caballos
blancos no son más que torpes asnos
y nada queda de aquella “vida rosa”
que te había prometido tu príncipe.
Y cuando te llenas de desilusión,
cuando tus esperanzas se han ido
detrás de aquellos bonitos colores,
cuando ya no te sientes princesa y
crees que nada puede ir peor, tus
mejillas aparecen moradas una maraña
y todo tu mundo se tiñe de negro y
se llena de silencio.
No ves nada, y ni siquiera te
escuchas a ti misma: estás debajo de
la cama, pero cuando consiga
encontrarte, no habrá más luz y
seguirás a oscuras, seguirás
callada. Seguirás viendo tus
mejillas de todos los colores:
primero moradas, verdosas,
amarillas… ése golpe desaparece,
otro lo reemplaza y tu corazón lleva
la cuenta de todos los que has
recibido.
Llega un momento en que te echas
a temblar cuando alguien levanta la
mano para saludar a un amigo, o para
pedir un taxi. Pides a gritos un
testigo porque, sin él, ni tu misma
creerías lo que te está pasando. El
sonido de un cerrojo te hace sentir
más temor que seguridad y ya no te
escondes debajo de la cama, ya no te
importan los golpes, ya no te duelen
tanto como el corazón, que se te ha
cansado de contar, de latir…Y un
buen día, él llega enfadado del
trabajo y, como de costumbre, “tú
tienes la culpa”. Pero esta vez ya
no gritas, esta vez ya no lloras.
Ahora princesa, ya no respiras.
Apareces en los telediarios y la
humanidad se lleva un nuevo golpe.
Una más en la lista, una menos en el
mundo. Los que te querían lloran,
tus vecinos se lamentan…pero a ti ya
no te importa. Y el resto de las
mujeres del mundo nos volvemos rojas
de ira, verdes de vergüenza, blancas
del disgusto e incluso moradas de
los segundos sin respiración que nos
ha provocado tu cuerpo tapado con
esa sábana blanca…
Has conseguido convertirte en la
bella durmiente, ¡y que no venga
ningún príncipe azul a despertarte
con un beso, que tu ya has vivido tu
“cuento de hadas”!.
Tercer
premio: AURORA (Autor: Luciano Vallés de
Valencia)
¿Sabes? Hoy mi mundo es un mundo envenenado de
silencio.
Sólo hay gaviotas anidando en mis recuerdos. Y mis
recuerdos son borrosos y grises. En
blanco y negro.
Hoy sólo puedo ver con un ojo, el que no conseguiste
silenciar. Pero he descubierto que
con un solo ojo puedo ver también
todo lo que la vida me regala, todos
los colores.
He aprendido mucho, me lo has enseñado tú sin saberlo.
Ahora sé que no quiero más palabras afiladas que
hieren como puñales, pero tampoco
quiero más versos que no saben
volar.
Sé que no quiero más puños pesados como piedras, pero
tampoco besos cansados de poesía.
Sé que no quiero noches eternas de llanto, pero
tampoco días soleados de soledad
intermitente.
No quiero miradas que no miran, pero ejecutan. Tampoco
quiero ojos transparentes que detrás
no tienen nada.
No quiero la piel áspera que escuece el alma, pero
tampoco quiero la piel suave de una
manzana envenenada.
No quiero más cadenas con eslabones de celos, pero
tampoco quiero cadenas con eslabones
de besos.
No quiero escaleras que bajan, pero tampoco escaleras
que suben.
Sencillamente no quiero escaleras.
No quiero el miedo, pero tampoco el valor añadido.
No quiero bocas de lobo, pero tampoco labios que pasan
factura.
No quiero manos cerradas que no pueden dar, pero
tampoco manos abiertas que pasan
factura.
¿Sabes qué quiero desde mi exilio interior?
Quiero la sinfonía de ocres del otoño de mi vida.
Quiero mi libertad sin límites, sin fronteras de
ningún tipo.
Quiero la lluvia cantando en los cristales que
rompiste.
Quiero sentir la mirada sin miedo de los niños en mi
piel.
Quiero romper las escaleras.
Quiero oír la música del viento entre las hojas
cansadas de un tilo.
Quiero personas que son y dejan ser. Y quiero ser.
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